Niños

Mi sobrina Sonrisa me enseñó que reír es una actitud frente a la vida cuando no esperas nada de ella. Es mejor aceptar lo que te viene, aunque no lo entiendas.

Mi hijo Marino, cuando ni yo misma confiaba en mí le pregunté:

̶ Hijo, ¿por qué confías en mamá si nadie lo hace?

̶ Porque nunca me has mentido.

En ese momento, me di cuenta de que no podía sonreír, porque vivía mintiéndome. Dejé de hacerlo y abracé todo mi dolor con una sonrisa, mientras se me caían las lágrimas. Ahora sonrío y confío en la vida a pesar de…

Mi hija Romiaus me invitó a su mundo lleno de imaginación y despertó la mía. Creía que si entraba allí sería una forma de evasión, pero me ha dado la oportunidad de compartir desde el corazón lo que siento y creo.